lunes, 2 de agosto de 2010

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Sus manos eran cinco veces más grandes que las mías. No sabía lo que estaba haciendo, me apretaba con fuerza los puños mientras acercaba su cara hacia la mía. Con los ojos cerrados podía sentir su aliento sobre mi boca y oler su sudor. ¿Qué estaba haciendo? Abrí los ojos y vi los suyos inyectados en sangre. Me daba muchísimo miedo, no podía soportar el verle, volví a cerrar los ojos fuertemente. Una de sus manos soltó uno de mis pequeños puños... Por un momento sentí alivio. Al instante comencé a sentir el tacto de sus dedos subiendo por mi pierna. Yo estaba inmóvil hasta entonces, intenté soltarme, pero él hizo más fuerza para que yo no pudiera moverme. Los dedos seguían subiendo por mi pierna. Ahora yo temblaba. ¿Qué estaba haciendo? Ya había pasado la altura de las rodillas y seguía subiendo. ¿Qué pasaba? ¿Quién era ese hombre? ¿Dónde estaba mi querido papá bueno que siempre entraba a casa con una radiante sonrisa?



AnNikopolidis

3 comentarios:

  1. Woow. Cuento corto emocionante, conciso y directo. Espero que te esté yendo bien en la uni, oajalá un día cuentes tus clases :)

    Saludos.

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