Dejo de engañarme a mí misma y a los demás.
domingo, 25 de agosto de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
Adiós y hasta siempre
Hoy llora un poco el
cielo. Sabe que me gusta tener la facultad a cinco minutos de mi
casa, que me gusta descorrer las cortinas por la mañana y ver
árboles y árboles verdes. Sabe que echaré muchísimo de menos la
playa. Que echaré de menos andar por las calles de mi barrio como si
estuviese andando por las calles de un pueblo, que echaré de menos
ver la cantidad de estrellas que se ven desde aquí, y lo cerca que
se ve la Osa Mayor. Hoy llora porque sabe que hasta esta lluvia
interminable me agrada, que aquí los días de sol me han gustado más
que nunca.
Echaré de menos esa
ventana que hay volviendo a mi casa desde la playa en la que siempre
había un gato y un día descubrí que junto al gato había una maceta
con violetas. Echaré de menos las tardes de playa en las que se
para el tiempo de camino junto al mar.
Llora porque sabe que me irrita despertar de madrugada
gracias al diluvio universal de todos los meses y que ya no volveré a irritarme por eso, porque sabe que es muy especial para mí entrar en esta casa
y sentir que es mi casa, que no echaré de menos ver atardecer a las cuatro de la tarde en
invierno, pero sí amanecer a las cuatro de la madrugada en verano.
Llora porque sabe cuánto
me gusta el mar y lo mucho que lo voy a echar de menos. El mar azul
marino, el mar gris, el mar azul brillante. La marea baja que deja al
descubierto hasta un kilómetro de tierra, la marea alta que hace
deslumbrar esta bahía.
Un buen profesor dijo una
vez a una clase de futuros filólogos que los de tierra adentro
tenemos cierta predilección por el mar. Conmigo eso no falla: el mar
me transmite tanta paz. Sentir el agua congelada en los pies a la vez
que estos se hunden en la arena mientras una viento frío te empuja es una de las mejores sensaciones que he tenido
nunca.
Esa insoportable soledad
en momentos determinados movida por la distancia de todo lo que
quiero, de todos a los que quiero que me ha perseguido durante meses se
desvanece cada día más, y me da pena, mucha pena. Echaré de menos esto y el cielo llora, como yo por dentro.
domingo, 28 de abril de 2013
Disappointment
El cuarto en el que prácticamente vivía era oscuro, pero esa noche estaba más oscuro que nunca. Los graznidos de los cuervos sonaban en su cabeza la noche en que él la decepcionó para siempre.
martes, 23 de abril de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
*
Fuera, al otro lado de la ventana, llovía. Él miraba hacia la calle sin mirar nada. Sentía como si esa lluvia estuviera dentro, en su habitación, como si estuviera calado hasta los huesos. Miró el reloj de la mesita de noche, ¿cuánto tiempo llevaba esperándola? Recordó un tiempo atrás cuando todavía no la conocía y la esperaba, la esperaba siempre, sin descanso... Como en ese mismo instante: siempre, sin descanso.
domingo, 14 de abril de 2013
De la primavera española a la primavera galesa
Qué tristeza me da pensar en que ayer iba andando por las calles de mi Zaragoza en manga corta, sudando y esquivando a la gente, y hoy al entrar con el autobús en Cardiff no había ni un alma por la calle. Una calle congelada.
domingo, 10 de marzo de 2013
1999
Ayer recordé que en 1999, cuando tenía siete años, trajeron a mi casa un gato. El gato no salió de mi casa nunca más. Era tan bonito, tan chiquitín, tan gracioso, tan cariñoso, tan juguetón... Le escribí una poesía.
Hace un par de años descubrí que toda mi infancia fue una mentira. Encontré la poesía de mi gato y me horroricé al verla. Cuando tenía siete años todo el mundo me decía que lo que escribía estaba muy bien. Claro, muy bien para una niña de entre cinco y diez años (qué feliz era aquella niña que se veía escritora), pero no estaba bien, no estaba nada bien.
Con siete años no tenía ni idea y, sin embargo, tenía más idea que ahora.
Hace un par de años descubrí que toda mi infancia fue una mentira. Encontré la poesía de mi gato y me horroricé al verla. Cuando tenía siete años todo el mundo me decía que lo que escribía estaba muy bien. Claro, muy bien para una niña de entre cinco y diez años (qué feliz era aquella niña que se veía escritora), pero no estaba bien, no estaba nada bien.
Con siete años no tenía ni idea y, sin embargo, tenía más idea que ahora.
domingo, 3 de marzo de 2013
...
No puedo. Las noches me superan.
Ha salido el sol después de dos semanas. La ciudad es bonita hasta con el cielo gris que tiene casi siempre, pero el sol le da un toque de frescura, sobre todo por la mañana. Tranquilidad en Brynmill, mucha tranquilidad. A los únicos que se les oye: unos obreros que están arreglando un tejado. Los gatos se pasean a sus anchas como en los pueblos. Esto es como un pueblo, siempre lo digo. Los árboles y la pradera de Singleton park brillan. Es un brillo especial, un brillo que te hace brillar a ti también.
Lo malo del invierno, aunque se aproxime la primavera, es que anochece pronto. Y lo que la noche se lleva es el sol, el calor y mi alegría.
Necesito que alguien me haga reír de verdad. Incluso que me abracen. Un abrazo infinito.
Lo único bueno de las noches son las estrellas, pero desde esta habitación no se ven. Al menos desde enero. Así no puedo con las noches.
martes, 26 de febrero de 2013
Mal
Mal. Me encuentro muy mal. Fatal. La pierna me está matando. El dolor de cabeza no se va desde hace días. Siento tal presión en el pecho que me duele hasta el corazón. A todos estos dolores físicos tenemos que añadir la profunda tristeza que me invade desde el cuatro de enero. Casi dos meses así, y los que quedan.
martes, 19 de febrero de 2013
Quería dejar la mente en blanco
Escribir con la punta de
los dedos. Delicadamente; como cuando coges a un bebé por primera vez
en brazos, como cuando andas sobre los charcos o la hierba mojada sin
querer mojarte... Delicado como una caricia, como un pequeño
escalofrío cuando estás escuchando algo que realmente te emociona,
algo que te gustaría que inspirase, pero solo emociona. Me emociona
apagar la luz y dejar las cortinas abiertas, ver el cielo, mirar el
cielo estrellado desde mi cama. Pero la música para y creo que dejo
de sentir, que dejo de ser durante ese mínimo instante en el que
tardo en poner de nuevo esa misma canción, una y otra vez, y otra
vez y otra... Dejo de emocionarme. Esta noche no lucen las estrellas.
Las cortinas no me dejan ver el cielo. Miedo. En mi habitación se
ven siempre las estrellas, haga sol, haga lluvia, haga niebla. Desde
aquí no puedo verlas ni en sueños. Esta es la ciudad desde donde se
ven las estrellas más bonitas vistas desde una ciudad, y sin embargo
no las veo, no las puedo ver. No puedo ver a través de las cortinas.
Son negras, tupidas... Un resplandor de luz naranja de farola
solitaria es lo único que se cuela entre las cortinas. La única luz
en esta habitación. No brillan las estrellas. No hay estrellas en
esta habitación. No es mi habitación. No, no lo es. En mi
habitación se ven siempre las estrellas, haga viento, haga nieve o
granice.
AnNikopolidis
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